¿Y no me cree qué me mira con esa cara? Me dijo el doctor mientras yo estaba plop tratando de entender qué me decía, hablaba que no sangraría más y mi mente se preguntaba ¿de qué habla este hombre? Yo no sangro, yo menstrúo, me llega la regla, ando con mi periodo, estoy con mi sagrada y bendita luna.

Sin embargo, para no victimizarme entendí que así hablan los doctores, para ellos solo es sangre, pero no es un tema que quería hablar con él en ese momento mientras me retaba porque lo miraba con cara de que no entendía nada.

Como yogini y como mujer me pasan cosas, no por ser una practicante regular de yoga mí vida es perfecta y mis pensamientos son solo calma y luz dorada.  Soy emociones y soy energía. Vivo, siento, palpito, río, me entristezco y busco el camino de liberación y de conexión divina.

Hace poco tiempo entré en el plan de ser madre a los 37 años y para mi sorpresa aparecieron unos ovarios poliquísticos y un par de castradores doctores que de inmediato me diagnosticaron infertilidad y el cese de la menstruación por siempre…hasta cáncer me querían diagnosticar.

Es normal como humano que no queramos algo pero que cuando te digan que no puede ser tuyo te apena, te victimizas. Traté de mirar desde afuera y ver este diagnóstico como una oportunidad para ver qué le he provocado yo a mi cuerpo que hoy se bloquea ante la maternidad. Sé que los doctores y su ciencia podrán hacerme quedar embarazada pero lo que yo quiero es trascender.

Encontrar las respuestas para mejorar mi descendencia, para darle una mejor vida a mi alma, tratar de identificar mis rollos para crecer, comunicarme con mi divinidad interior y con la fuente creadora, vivir estas experiencias desde una mirada yóguica porque me hace sentido y destrabarme para que no lleguen los doctores con sus pastillas y tratamientos a estimular mi sistema reproductivo sin haber hecho yo primero el trabajo de sanarme.

Desde entonces las preguntas no se detuvieron, recordé a mi descendencia femenina, mi madre, mi hermana que me ha apoyado en todo, la vergüenza que sentía al reconocer públicamente que quería ser madre, la voz de mi padre de que cómo tendré un hijo si no estoy casada, escuché todas esas frases que te dice tu núcleo más cercano y que ni siquiera ellos creen, pero de tanto escucharlos se solidificaron en mi mente.

No puedes tener hijos que te cagarás la vida, no podrás viajar, estudiar o más simpático aún: ¿Te quieres poner a criar cabros chicos y perder tu vida? o ¡Nooo, ella no quiere tener hijos!. Sentí una extraña vergüenza y pudor de solo contarles a mis padres que los doctores me dijeron que no podía tener hijos. Ya me los imaginaba pensando: pero si tú nunca has querido hijos.

Soltar, inhalar, darse una pausa, exhalar, entender que lo que te dice tu familia no es porque sea mala, es para que uno tenga una buena vida, entender que el que me dijeran que me cagaba la vida no es que mi nacimiento les haya cagado la vida a ellos, solo que no tenían conciencia de lo profundo que calaban sus palabras en mi interior.

No es culpa de la maravillosa familia que tengo que siempre me ha apoyado, no hay culpas, hay nuevas oportunidades de crecer, de medir mis palabras para en el futuro no dañar a mis hijos, sobrinas, amigos o a la gente que tengo cerca con comentarios similares.

Tengo claro que soy parte del plan de la creación del universo, de la fuente creadora, quizás tú le llamas Dios, Jehova, Pachamama, de lo que tú creas yo soy parte, TÚ ERES PARTE, y no podemos pasarnos la vida culpándonos o culpando a otros de lo que nos pasa, sino que hay que identificar las poliquísticas oportunidades que como estas nos hacen romper nuestra rutina y buscar respuestas en el eterno camino de crecimiento personal.

 

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